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Dieciochenos valencianos, desde Felipe III a Carlos III el Pretendiente.


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Artículo sobre la Ceca de Valencia

Ayer fue publicado este interesante artículo del periodista Daniel Muñoz sobre la Ceca de Valencia en la versión digital del periódico Las Provincias:

El origen de la ceca o real casa de la moneda (pinchar para leer la noticia en su medio original).

“La moneda ha sido y es parte fundamental de nuestra civilización, y su origen es prácticamente tan antiguo como el del comercio y las necesidades de intercambio de los pueblos. Precisamente ahora que se debate en torno a la utilidad y supervivencia de la moneda única dentro de la zona euro, conviene echar la mirada atrás y recuperar la memoria de una actividad tan interesante como poco conocida: la dilatada producción de moneda en Valencia a lo largo de la historia.

La ceca de Valencia tiene una larga andadura. Existen referencias a la acuñación de moneda desde el periodo romano, pasando por la época visigoda e islámica, pero es a partir de la conquista cristiana cuando la fabricación fue más regular y las fuentes son más abundantes. El rey Jaime I inició la acuñación en Valencia en 1247 y consolidó esta actividad en 1270, concediendo una serie de privilegios especiales a los monederos, funcionarios reales que trabajaban en la ceca. En las centurias posteriores esta actividad se generalizó, convirtiéndose en un elemento clave a la hora de comprender la historia económica y financiera del Reino de Valencia durante todo el periodo foral.

El historiador y numismático valenciano Felipe Mateu y Llopis ha sido hasta el momento quien más ha profundizado sobre esta cuestión, a través de numerosas publicaciones sobre la moneda valenciana entre los siglos XIII y XVIII. Este autor fue el encargado de editar en 1957 una de las obras de referencia al respecto: el ‘Libre de privilegis de la seca y casa real de la moneda de Sa Magestat de la Ciutat y Regne de Valencia’, publicado hace 375 años, concretamente en 1630, durante el reinado de Felipe IV, momento de gran convulsión e inestabilidad monetaria para el conjunto de la Monarquía Hispánica.

El libro, conservado en el Archivo de la Catedral de Valencia, constituye una colección diplomática muy singular, que abarca un marco cronológico de más de cuatro siglos, entre 1208 y 1628, a través de cuarenta documentos emitidos por diferentes monarcas, como Jaime I, Pedro IV el Ceremonioso, Alfonso V el Magnánimo o Fernando el Católico, además de todos los regentes de la casa de Austria hasta Felipe IV. Un verdadero corpus legislativo que regulaba el funcionamiento de esta institución pública y, al mismo tiempo, recoge los privilegios corporativos de los monederos, los trabajadores de la casa de la moneda de Valencia, los cuales eran funcionarios reales.

En la dilatada historia de la ceca de Valencia, la institución vivió constantes cambios en su ubicación a partir de la conquista cristiana, cambiando de ubicación casi tanto como cambiaban de manos las monedas. A pesar de que tuvo emplazamientos anteriores, la primera referencia que se conoce es un contrato de arrendamiento de un edificio en la calle Calatrava a Andrés Catalá, regente de la ceca real, en el año 1472.

Las instalaciones contaban con una zona comercial destinada a la entrada de metales, una fundición para plata y otra para oro, así como con talleres para fabricar cospeles y acuñar moneda. A principios del siglo XVI, la ceca se trasladó en diversas ocasiones, teniendo constancia de su instalación en un edificio de la Plaza de Villarrasa. Posteriormente, en 1556, se trasladó a la calle Zaragoza y en 1577 estaba ubicada en la calle que iba de Roteros al Carmen. A finales del siglo XVII se trasladó a dos manzanas de la iglesia de Santa Catalina, dando incluso nombre a alguna de las calles de la ciudad, como la calle del forn de la seca, última ubicación conocida de la misma. Sin embargo, carecemos de vestigios ya que esta calle desapareció en la segunda mitad del siglo XIX, fruto de las reformas urbanísticas que dieron lugar a la apertura de la calle de la Paz.

Pocos años después, el triunfo borbónico en la guerra de Sucesión, los decretos de Nueva Planta y el proceso de centralización administrativa arrasaron las instituciones y privilegios forales valencianos, incluyendo la acuñación de moneda propia, poniendo fin a una actividad urbana que se remontaba a los orígenes de la ciudad. Con Felipe V, la ceca de Valencia vio muy debilitada su actividad, hasta el punto de desaparecer en 1748. Sólo de manera ocasional volvió a acuñarse moneda en Valencia con Fernando VII, pero a través de una nueva institución establecida ex profeso en 1810.

Hoy en día, no se conoce vestigio alguno de los edificios que albergaron la ceca de Valencia. A pesar de ello, su historia quedó acuñada en las riquísimas colecciones numismáticas valencianas.”

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