Dieciochenos

Dieciochenos valencianos, desde Felipe III a Carlos III el Pretendiente.


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Doble Real de 1683

Una de las acuñaciones valencianas más raras del reinado de Carlos II es el doble real del año 1683.

Aloiss Heiss, en el segundo volumen de su obra “Descripción general de las monedas hispano-cristianas desde la invasión de los árabes”, publicado en 1867, daba a conocer el único ejemplar conocido hasta la fecha, procedente de la famosa colección del banquero catalán Vidal Quadras.

En su opinión, debido a su escasez, quizás se tratase de una pieza de ensayo de acuñación.

El primer ejemplar físicamente conocido fue el que apareció en la subasta de la colección Baucís, mencionada anteriormente, y subastada por Calicó en 1987 con el número de lote 489.

El segundo ejemplar conocido, y último aparecido hasta la fecha, fue subastado por Aureo el 17 de marzo del 2011, con el número de lote 143, y un precio de salida de 2.000 €, fue adjudicado en 18.000 €.

Leyendas:

A/ +CAROLVS·II·DEI·GRATIA·REX

R/ +VALENTIE·MAIORICARVUM·1683

En mi opinión, el desgaste aparente de la moneda de la colección Baucís, hace pensar que circuló entre la población, no así el segundo ejemplar conocido, que se encuentra en perfecto estado, lo cual demuestra que no se trató únicamente de una moneda de prueba.


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Aloiss Heiss – Descripción general de las monedas hispano-cristianas desde la invasión de los árabes

Como comentaba en la entrada acerca del libro de Mateu y Llopis “La ceca de Valencia y las acuñaciones valencianas de los siglos XIII al XIX”, poca era la bibliografía disponible para el estudio de los dieciochenos hasta comienzos del siglo XX, cuando apareció el mencionado libro.

Anteriormente, la obra de consulta más importante, era esta de Heiss, sobre la cual va a tratar esta entrada.

Aloiss Heiss fue un numismático francés, nacido en París el 8 de enero de 1820, y que residió en España, aproximadamente, desde 1855 a 1867, ya que ostentaba un importante cargo en la construcción del ferrocarril Valencia-Tarragona.

El primer volumen de la “Descripción general de las monedas hispano-cristianas desde la invasión de los árabes” fue publicado en 1865.

En 1867 se publicó el segundo volumen, en el que aparece la época en la que fueron acuñados los dieciochenos.

Para el estudio de estas monedas, Heiss se basó en los dieciochenos que formaban parte de su propia colección, junto a algunos ejemplares pertenecientes a la famosa colección del banquero barcelonés Manuel Vidal Quadras y Ramón (1818-1894), que en aquel momento era una de las colecciones más importantes en España, y actualmente está dispersa.

A continuación, se muestran las páginas con las descripciones de los dieciochenos conocidos en la época, junto a las láminas  con dibujos de las monedas.

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Heiss 1   Heiss 2

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Bibliografía:

Heiss, A. “Descripción general de las monedas Hispano-cristianas desde la invasión de los árabes”. Tomo II. 1867. (Digitalizado por Google, puede verse aquí. A partir de la página 186 comienzan las acuñaciones valencianas. Láminas no incluidas.)

Blog “El maravedí”. Un manuscrito de Aloiss Heiss. Septiembre 2014.

Beltrán Villagrasa, Pío: “La partición de los reinos de Alfonso VII, según los documentos y las monedas que se conocen”. Nvmisma 48-53 (1961). Pag. 19. 

htt://www.familiavidalquadras.com/wordpress/docs/Monedas.pdf


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F. Mateu y Llopis – La ceca de Valencia y las acuñaciones valencianas de los siglos XIII al XIX

Durante el siglo XIX, pocas eran las fuentes bibliográficas existentes acerca de la numismática valenciana, siendo la más famosa de ellas la obra de Aloïs Heiss, Descripción de las monedas hispano cristianas desde la invasión de los árabes, en su tomo II, publicado en 1867, en el que aparecían las acuñaciones valencianas.

Ningún estudio destacable hubo más hasta mediados de la década de 1920, cuando Felipe Mateu y Llopis comenzó con su tesis para el doctorado en Letras, cuyo tema trataba sobre la ceca de Valencia.

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La tarea comenzó en mayo de 1925 cuando el médico-paleógrafo José Rodrigo Pertegás puso en contacto a Mateu y Llopis con el coleccionista Miguel Martí Esteve, propietario de importantes colecciones de pinturas, esculturas, cerámicas, etc. para que este pudiera estudiar la parte de la colección de monedas.

Otra persona influyente en este trabajo fue su profesor, Manuel Gómez Moreno, quién aceptó patrocinarlo en abril de 1925, y puso a su disposición los fondos del Museo Arqueológico Nacional.

Además, pudo estudiar los fondos documentales existentes del Archivo del Reino de Valencia (donde se encontraban los papeles de la Ceca), del Archivo Municipal, del Histórico Nacional y otros.

La tesis fue leída en la Universidad Central de Madrid el 13 de febrero de 1926, obteniendo la calificación de Sobresaliente.

El libro, llamado finalmente “La ceca de Valencia y las acuñaciones de los siglos XIII al XIX” fue publicado en septiembre de 1929 sin la abundante documentación que había conseguido reunir el autor, ya que el coste de la publicación corrió a cargo del mismo.

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En cuanto a lo referente a los dieciochenos, en este libro se presentan algunos más que en la obra de Heiss, pero arrastra algunos errores que cometió el otro autor, como algunas fechas inexistentes hasta la fecha.

Sobre ese tema, se puede consultar la entrada que le dediqué en este blog:

Fechas inexistentes

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Bibliografía: 

Mateu y Llopis, Felipe. La moneda de los Reinos de Valencia y Mallorca, Nvmisma 147-149 (1977), pp. 123-148.

Mateu y Llopis, Felipe. “La Ceca de Valencia y las acuñaciones valencianas de los siglos XIII al XVIII”. 1929.


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Fechas inexistentes

Tres siglos después de haber finalizado la acuñación de dieciochenos, todavía falta por encontrar ejemplares fechados en años en los que teóricamente hubo emisiones.

En el libro de Mateu y Llopis sobre las monedas de la ceca de Valencia, del año 1929, se daba un listado con las fechas en las que se habían acuñado dieciochenos. En el, se le asignaba un número de catálogo a piezas conocidas documentalmente, aunque no se hubieran encontrado todavía. Por esta razón, en algunos catálogos comerciales de numismática, aparecen referenciadas monedas que no se han encontrado nunca, dando lugar a confusiones.

Posteriormente, en 1944, Mateu y Llopis dio a conocer en un artículo de la serie de “Hallazgos Monetarios” el dieciocheno de 1619 con marca de valor en anverso, perteneciente a la serie de monedas con esta particularidad. Tal moneda fue hallada en el comercio por el coleccionista Juan Cullell Playá, quién se la ofreció a Mateu y Llopis.

M. Crusafont publicó por primera vez, en 1977, el dieciocheno de 1699, al que Mateu y Llopis había asignado el nº 395 en su libro en base a la documentación encontrada.

El mismo ejemplar que estudió M. Crusafont puede verse en esta entrada del blog:

https://dieciochenos.wordpress.com/2012/08/13/carlos-ii-1699/

Años después, en 1980, el mismo autor dio a conocer los dieciochenos de 1681 y 1691. En el caso del dieciocheno de 1681, confirmaba la hipótesis de que las primeras acuñaciones de Carlos II comenzaron siendo a martillo, en lugar de las acuñaciones a molinillo conocidas y su posterior fundición para volver a ser acuñadas con el método tradicional. Aun siendo publicado por primera vez por M. Crusafont, Mateu y Llopis ya daba referencia en 1958 de un ejemplar conservado en el Museo Arqueológico Diocesano de Lérida. También en 1958, el mismo autor nombraba un ejemplar de 1691 que se hallaba en la Cámara de Comptos de Pamplona.

Estas han sido algunas de las incorporaciones al monetario valenciano de las cuales se tiene referencia. Veamos ahora algunas de las fechas que todavía falta por encontrar un primer ejemplar que confirme su existencia:

1645: No se conocen más datos.

1659: Mateu y Llopis únicamente cita que fue la última fecha de la que se tiene referencia de las acuñaciones de Felipe IV, siendo este dato copiado de lo publicado por Heiss en 1865. No se conocen más datos.

1685: En el catálogo de la colección Ordóñez, con el número 564, aparecía un ejemplar de este año, siendo estudiado por Mateu y Llopis, pero del cual no hay más datos ni una imagen que lo confirme.

1694: Se acuñaron 303 marcos de plata (34.845 monedas).

1695: Mateu y Llopis da referencia a un ejemplar perteneciente a la colección Vidal-Quadras, de Barcelona. Para este año se acuñaron 57.373 marcos (6.597.895 monedas).

1696: Se acuñaron 24.744 marcos (2.845.560 monedas).

1697: Heiss publica un ejemplar dibujado de esta fecha, conservado en la Biblioteca Nacional, en Madrid, y con una leyenda diferente a la habitual. Acerca de este dibujo puede verse la entrada publicada en este mismo blog (https://dieciochenos.wordpress.com/2013/10/21/carlos-ii-1697-error-de-interpretacion-o-realidad/). Se acuñaron 816 marcos (93.840 monedas).

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Bibliografía:

Mateu y Llopis, F. “La ceca de Valencia y las acuñaciones valencianas de los siglos XIII al XIX”. Valencia, 1929.

Mateu y Llopis, F. “El Dieciocheno. Notas y documentos sobre un valor monetario del Reino de Valencia durante Felipe III y Felipe IV (1598-1665)”. Nvmisma 8, nº33, pp. 22-71. (1958).

Mateu y Llopis, F. “La situación monetaria en el Reino de Valencia durante Felipe IV y Carlos II (1621-1700). Notas y documentos”. Nvmisma nº35, pp. 33-62. (1958).

Mateu y Llopis. F. Hallazgos Monetarios (III). Empuries, nº 6. 1944.

Crusafont, M. “Diner inèdit de l’Arxiduc Carles i altres novetats de la numismàtica valenciana dels segles XVII i XVIII”. Acta Numismática, VII, p. 239-246. 1977.

Crusafont, M. “Regne de València: Quatre peces inèdites (Carles I-Carles II) i presentació del diner de l’Arxiduc contramarcat amb C-3 coronat”. Gaceta Numismática, 57, p. 30-31. 1980.

Sendra, J. A. “Las acuñaciones de plata en Valencia durante el reinado de Carlos II”. ARCHIVO DE PREHISTORIA LEVANTINA. Diputación de Valencia, 2008.

Heiss, A. “Descripción general de las monedas Hispano-cristianas desde la invasión de los árabes”. Tomo II, Lámina 102, nº 5., 1962.


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Fraudes monetarios en el siglo XVII

El dieciocheno fue, en tiempos de su circulación, una moneda propensa a cometer sobre ella varios tipos de fraude y tropelías, principalmente el cercenamiento de las monedas y la falsificación. Los coleccionistas de estas monedas solemos ver con frecuencia como aparecen algunas de ellas con un tamaño menor al que deberían tener en realidad, careciendo en casi todas las ocasiones de las leyendas que rodean el busto del rey.

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Esto es debido al cercenamiento o “recorte”, procedimiento por el cual la moneda perdía tamaño pero seguía manteniendo su valor intrínseco de 18 dineros de vellón, por lo que la gente que lo realizaba tenía el beneficio de la plata que sacaba de la moneda,  y continuaba teniendo la moneda con el mismo valor. Mateu y Llopis, en su trabajo de 1958 sobre los dieciochenos (1), escribe acerca de un grupo de cercenadores de moneda castellana y sus métodos que actuaba en Cataluña a comienzos del siglo XVII:

“Apenas pareció quedar saldada esta irreparable quiebra que como todas las cosas humanas tienen sus vueltas y mudanzas, la moneda castellana de plata vino a caer súbitamente de su trono, y a que los hombres no hallasen por ella de comer ni vestir, sino por los dinerillos nuevos. Fue la causa desta increíble mudanza, haberse dado en los bosques de Cataluña a cercenarla y quitarle capas de plata con materiales fuertes, y esto tan sin límite, que les vino a faltar a casi todos los reales la metad de su peso, y a llamarse por desprecio reales bosqueros. Este daño le sintieron luego todos los reinos comarcanos con peligro de tumultos populares, y con cesación del comercio, vendiéndose la que era buena, como si fuera mercadería.”

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(Portada y detalle de unos versos relativos al recorte de monedas. Barcelona, 1606.) (Biblioteca de Catalunya, Barcelona) (2)

Pero el principal problema en aquella época era la falsificación de la moneda, cuyo tosco arte en el grabado y descuido en la acuñación a martillo hacía de los dieciochenos unas monedas relativamente fáciles de reproducir. Estas falsificaciones eran realizadas en vellón, a las que finalmente se les daba un baño de plata para que parecieran legítimas.

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(Comparación entre una falsificación de época y dos dieciochenos auténticos. Col. Part.)

El Virrey y Arzobispo de Valencia de 1650 a 1652, Pedro de Urbina y Montoya, promulgó las llamadas “Cridas”, que no eran sino llamamientos a la población acerca de algún asunto de interés general. La primera Crida relacionada con la falsificación de moneda se produjo el 28 de marzo de 1651, para reiterar lo que ya había decretado el anterior Virrey de la ciudad, Duarte Fernando Álvarez de Toledo,  poco antes del fin de su mandato en real pragmática:

“Per a manifestar y tallar la moneda de plata falsa o falta de lley que corria de pochs anys a esta part”.

Las penas mínimas y escasamente especificadas no disuadieron a la población ni a los falsificadores, por lo que con las Cridas de Pedro de Urbina estas penas serían concretadas y endurecidas.

Primero, en cuanto a los plazos otorgados a los falsificadores para declarar ante las autoridades de la ceca la posesión de este tipo de moneda, de tan solo quince días después de la promulgación de esta disposición:

“Sots pena als que contravindran de perdició de dita moneda aplicadora lo terç als còfrens del tesoro real de sa magestat y lo altre terç al jutge o jutges executadors de dita pena y lo altre terç al aprensor o acusador”.

Además de otras penas, pecuniarias e incluso corporales al arbitrio del religioso.

Más comprensivo se mostraría Pedro de Urbina con quienes acudieran a la justicia para declarar este dinero, cuyo valor intrínseco, una vez tasado y fundido, se libraría a su dueño.

Si éste no estuviese de acuerdo con el peritaje, la moneda le sería cortada y devuelta.

Al parecer, estas nuevas medidas no fueron muy efectivas contra los falsificadores, siendo apresados tres de ellos en Segorbe (Castellón) llevando consigo una buena cantidad de plata, quizá para ocultarla o con el objetivo de sacarla del reino. También al monasterio de la Valldigna (Valencia) se le reclamaron otros tantos defraudadores de moneda, que se encontraban allí presos, junto a los utensilios empleados en sus prácticas:

“Per a que sian condignaments punits y castigats y que los motles y demés instruments de dita fabricació y qualsevols procesos contra aquells rebuts vinguen a nostron poder…”

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(Museo de Prehistoria de Valencia)

El destino de muchos de estos defraudadores serían las cárceles reales de la capital, masificadas de prisioneros.

Hacia 1682 el estado de la moneda de plata era insostenible, debido al problema de la falsificación y recorte, hasta el punto de casi motivar un tumulto popular que fue sofocado por el Virrey y el Arzobispo.

Se dieron recompensas a quienes denunciaran a los falsificadores, así como se dispuso que quien tuviera moneda recortada, la entregase en la casa de la Ciudad en donde se tomaría a cambio  de 8 libras 16 sueldos, dando también poco resultado práctico como con las Cridas de Pedro de Urbina.

Por ello se decidió que la única manera de solucionar el problema sería recoger cuanta moneda se pudiera y volverla a fundir para acuñar nuevos reales de plata por el procedimiento del molinillo. Dicho instrumento se trajo de Madrid y se instaló en la ceca; en cuantos a los artífices, vinieron de Barcelona. El 13 de diciembre de 1682 comenzó la fabricación de reales y dobles reales.

El motivo de estas emisiones era debido al perfeccionamiento de la acuñación, pasando a ser monedas completamente redondas, lo que disuadía a los cercenadores de monedas, ya que no encontrarían zonas en la que recortar metal, y a los falsificadores, que encontraban mucha mayor dificultad para tallar los cuños debido al buen arte con el que se grababan estas monedas, lo cual hacía casi imposible su copia para proceder a su falsificación, además de no tener medios para imitar el modelo de acuñación a molinillo.

A pesar de ello, éste método de acuñación no tuvo éxito, volviéndose a recoger los dieciochenos de molinillo para su posterior fundición y acuñación a martillo, con la que se continuaría con las últimas emisiones de 1707.

Aunque fueran tan abundantes las falsificaciones en su época, en la actualidad se conocen muy pocos ejemplares en las colecciones de dieciochenos.

———————————————————————————————————————————————————————————————————————— Bibliografía:

Mateu y Llopis, F. “El Dieciocheno. Notas y documentos sobre un valor monetario del Reino de Valencia durante Felipe III y Felipe IV (1598-1665)”. Nvmisma 8, nº33, pp. 22-71. (1958)(1)

Estrada-Rius, A. “La moneda falsa. De l’antiguitat a l’euro”. MNAC, 2010. (2)

Arroyo Ilera, R. “Las monedas valencianas”, 1984.

Callado Estela. E. “El Virreinato del Arzobispo de Valencia Fray Pedro de Urbina (1650-1652). Universidad CEU-Cardenal Herrera. Saitabi: revista de la Facultat de Geografía i História. Nº60-61, 2010-2011, págs. 273-301.

Foro de Numismática Catalana (Numiscat). “Divuite fals de 1650”.

 


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Carlos II – 1697 ¿Error de interpretación o realidad?

En algunos catálogos de moneda española, junto al resto de dieciochenos conocidos, aparece uno fechado en 1697, moneda rarísima, de no ser… por que nunca se ha visto en realidad.

Heiss 2

La supuesta existencia de esta moneda es conocida desde el año 1867, cuando el investigador Aloïss Heiss la publicó en su obra “Descripción general de las monedas Hispano-cristianas desde la invasión de los árabes”.

1697

En dicha publicación, el autor menciona su inclusión en el catálogo debido a lo extraño de la leyenda del reverso, no por su fecha de acuñación: “Hemos hecho grabar el núm. 5 por lo estraño (sic.) de la leyenda de su reverso”.

Según F. Mateu y Llopis, en el año 1697 se acuñaron 816 marcos de plata (a 115 piezas por marco), de los cuales saldrían 93840 dieciochenos, con un peso teórico de 2,06 gramos.

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Bibliografía consultada:

Sendra,  J.A. “Las acuñaciones de plata en Valencia durante el reinado de Carlos II”. ARCHIVO DE PREHISTORIA LEVANTINA. Diputación de Valencia, 2008.

Mateu y Llopis, F. “La situación monetaria en el Reino de Valencia durante Felipe IV y Carlos II (1621-1700). Notas y documentos”. Numisma, 35, p. 33-47.,1958.

Heiss, A. “Descripción general de las monedas Hispano-cristianas desde la invasión de los árabes”. Tomo II, Lámina 102, nº 5., 1962.